Atardecía en la India mientras en España llegábamos al ecuador del día de un martes cualquiera de enero. ¿Un martes más? Nada más lejos de la realidad. Los red sticks jugaban su eliminatoria de cuartos del mundial contra Australia, actual subcampeona olímpica y bronce mundialista, que sólo se ha bajado del podio de los olimpos en una ocasión desde 1992 y del podio mundial en otra desde 1978.
Quizás para ellos sí que era un día más, una eliminatoria de cuartos más, otro partido para ganar sin apuros y llegar a su zona de confort, la zona de medallas. No así para España, que vivió su mejor época hace ya un par de décadas, y su techo actual parecen los cuartos de final en los grandes campeonatos, como toda selección nacional que se precie. ¿Techo? No para estos chicos que, aviso de spoiler, jugaron como nunca y perdieron como siempre. Pero, sobre todo, nos hicieron soñar.
Fase de grupos
Pero comencemos por el comienzo. España partía en un grupo duro, donde se podía aspirar a todo, aunque el debut contra la siempre complicada India, con el plus que le daba ser local, pronto comenzó a despertarnos de esas ensoñaciones. Nuestra falta de puntería y la inspiración local de cara el gol hizo que nuestro debut no fuera el deseado: 0-2 y a por Gales.

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En esta segunda jornada tuvimos un comienzo dubitativo, pero en el segundo cuarto abrimos la lata y se consiguió una cómoda victoria por 5-1, insuficiente para posibles desempates por la cada vez más utópica primera plaza, que al finalizar la jornada se hizo prácticamente imposible por el empate entre India e Inglaterra.
Llegamos por tanto a una tercera jornada donde, salvo hecatombe local, nos jugábamos ser segundos o terceros, tener unos octavos complicados pero posibles, y unos cuartos ante Australia o Bélgica, el otro gran favorito al mundial y vigente oro olímpico y mundial. Pronto vimos que íbamos a terminar terceros, 0-4 contra una Inglaterra ante la que poco pudimos hacer pero, más allá de las sensaciones, este resultado no iba a ser relevante para la clasificación a la siguiente ronda.
Octavos: Malasia
Llegábamos por tanto a la primera eliminatoria con no las mejores sensaciones, pero capaces de todo, y el partido no defraudó. España comenzó muy bien, pero no materializaba ninguna de sus ocasiones, y llegó el gol malayo. Jarro de agua fría, dudas… Nada más lejos de la realidad. Los jugadores se sobrepusieron y remontaron con 2 goles en un minuto, antes de que acabara este tercer cuarto. Pero no podía ser todo tan fácil, y Malasia empató en el ya no definitivo último cuarto, y nos fuimos a los shot-outs.
España falló el primero, de nuevo a remar, Malasia no fallaba… Hasta que fallaron el tercero, ¡y el quinto!. Lo teníamos en nuestra mano, un gol y un pase a cuartos… Y fallamos el último. Muerte súbita. Ahí ya no perdonamos, golazo, paradón, ¡y a cuartos!
Cuartos: Australia
Y volvamos a nuestro sueño, contra la selección que no tiene vitrinas para tanta medalla. Uno, dos y hasta tres penalty corner llegaron a fallar los australianos. Y así terminaba el primer cuarto. Un empate a 0 firmado por todos.
Segundo acto. Uno, dos y… casi tres goles, ¡de España! Y cuando nos lamentábamos de, atención, ir «sólo» 2-0 contra el gigante oceánico, gol a falta de dos segundos para el descanso, y 2-1. Mazazo, pero de nuevo un resultado más que firmado por todos.
Y pasó lo que tenía que pasar. 3 goles en cinco minutos, 2-4, para los australianos, y a despertarnos del sueño. ¿O quizás no? Ahora era España la que maquillaba el marcador, 3-4 y a por el ¿definitivo? cuarto.
Esta vez sí que fue definitivo. España hizo sufrir a Australia, que a punto estuvo de llevarse un nuevo susto, pero ni un penalti errado por España movió el marcador. 4-3 final. Unos a por su enésima medalla, y otros a creerse que pueden con cualquiera y que, quizás, en la próxima ocasión el sueño sí que se haga realidad.
